Capítulo 31.
Bradley olía a cedro y albahaca. Y a algo más... una esencia dulce y seca que, a Emma le recordaba al enebro de Virginia que estaba plantado en patio de la casa de sus padres. Su beso era incomparable, era una caricia profunda, tierna e impaciente.
La lengua de Suter jugueteaba en el interior de la boca de Emma con cálidas caricias que recorrían desde el borde de sus dientes hasta la sedosa humedad que se extendía tras ellos. Él alzó sus cálidas manos hasta el rostro de Emma para cubrir las m