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Capitulo 2: El Eco de las Sombras en la oscuridad en el "Territorio de Nadie" 

El Omega Kaelen al llegar a su casa, él encuentra a su esposa preocupada, le cuestionó:

—¿Nuestros hijos regresaron?—

— No, nuestros hijos están aún en la manada Luna Plateada, el Omega de allá los invito a pasar un tiempo, los iba a entrenar, aquí el Alfa Dorian no les permite recibir entrenamiento, ¿qué pasó con nuestra pequeña?—

El bajo la mirada, le dice con tristeza:

— El Alfa Dorian le rechazó delante de toda la manada, nos envió a dejarla fuera de sus linderos, le tuvimos que hacer creer que la matamos, de manera que le de tiempo de huir bien lejos. —

—¿La sangre que tiene en tus manos de que es?—

— Le dimos muerte a un lobo solitario, nadie lo va a reclamar, era él o mi pequeña princesa.—

— Madre Luna protege a Selene, su loba aún no a despertado, no la desampares Gran Madre nuestra.—

Mientras tanto el Alfa Dorian sigue celebrando por su triunfo, Morgana lo miró mientras se acercó con movimientos felinos, el sonrió al ver cómo intenta llamar su atención, la jalo de la cintura siendo posesivo, la beso con pasión, ella protesta:

— Vamos a bailar.—

La complace y van a bailar, es ese mismo momento la música era suave,a abrazo y mientras bailaba la besa sin soltar su agarre.

Selene tenía varias horas corriendo, cuando sintió el cansancio se dejó caer al lado de una fuente cristalina que había alcanzado a ver, sus manos temblaban tomó agua y la llevó a sus labios agrietados por la sed, cuando calmó la sed, se echo del agua en su rostro para refrescarse, sentía mucho calor, se acarició el vientre aún plano, les habló con ternura:

— Mis pequeños regalos, estamos a salvo, hasta el momento.—

— Madre aquí estamos contigo.—

La voz del mayor de los quintillizos se dejó escuchar dentro de la mente de Selene, no supo porque sintió una calma y a su olfato llegó la fragancia inconfundible del Alfa de ojos azules zafiro, se quedó a descansar un rato.

Al rato retoma el camino, cada rama que se rompe por la fuerza del viento lo sentía como una amenaza de peligro latente detrás de ella.

Estaba en medio de la nada, mira para todos lados, pensando que el la manada Luna de Sangre al menos estaba protegida por sus padres, los extraño y pensó en sus cuatro hermanos, sacude ligeramente sus pensamientos, no podía dejar que el cansancio la venciera, tenía que seguir por sus pequeños.

Fueron varias horas corriendo, empezó a sentir el agotamiento de varias horas sin descansar, cuando divisó entre las sombras se los árboles, dos siluetas se dejaron ver, tenían forma de lobos, sintió helarse la sangre en sus venas.

De entre los arbustos ve unos ojos amarillos que la miran como depredadores acechandola antes de atacar, cuando están a su vista, frente a ella dos lobos gran tamaño, le impiden la huida, el más grande saltó sobre ella, Selene retrocede en esa milésima de segundo, sus pies se enredan con una raíz del árbol que está fuera de la tierra, ella cae boca arriba, por instinto cubre su vientre con sus brazos, al tiempo que deja salir un pequeño grito:

— No a mis cachorros no, por favor no nos hagas daño.— Su voz sonó como una súplica.

Selene en medio de su angustia pide ayuda:

— Madre Luna no me dejes perecer en este valle de lamentos, acude a mi pronto.—

El cielo que había estado cubierto por una capa densa, de pronto un rayo plateado rasgó el velo que lo cubría hasta ese momento, una tenue luz rodeó a Selene, el lobo que iba directo a su cuello, quedó suspendido el aire, con la misma una fuerza superior lo lanzó lejos de Selene, haciendo que impacte contra un árbol.

Frente a Selene una mujer se materializa, no era humana, su cuerpo era pura energía lunar, le habló su voz era como una melodía suave:

— Hija mía, no estarás sola estaré contigo hasta el final del camino, tu no eres una híbrida sin loba, tu loba aún no despierta, está de duelo por la ausencia de su Alfa, pero pronto se dejará sentir, mientras tanto ten paciencia.

Las Sombras de ahora en adelante te obedecerán, no le temas a la oscuridad te daré visión para que puedas ver. —

Selene fue envuelta en un manto de luz plateada, se fue haciendo más fuerte y los lobos se cubren los ojos incapaces de mantener la vista en la luz.

Así como llegó se fue, Selene abre sus ojos con lentitud, mientras se adaptan a la luz, es cuando se da cuenta que sigue en el valle, enfocó la mirada hacia unos árboles de roble, la mirada se le agudiza dejando que vea todo a su entorno.

Se pone de pie, el cansancio había dejado su cuerpo, se sentía liviana como una pluma, no había dado tres paso, cuando ve a los dos lobos arrodillados frente a ella, el que había atacado me dice:

— Perdón mi Luna, no volverá a pasar, daremos la voz para que ningún lobo rebelde la vaya a atacar. —

— Váyanse,— la voz de ella sonó con autoridad, —no se vuelvan a cruzar por mi camino, no habrá otra oportunidad.—

Ellos desaparecen a cómo habían llegado, Selene volvió a sentarse al lado del pozo, tomó agua entre sus manos y la llevó a su boca, se volvió a refrescar la cara, respiro mientras acariciaba su vientre, les habla con una voz suave y melodiosa:

— Mis soles estamos a salvo, por ahora, debemos seguir. —

Sus zapatos estaban despegados ya no le eran útiles, de la falda larga de su vestido saca tiras y con ellas envuelve sus pies, pensando que así las piedras no le sigan lastimando los pies, cuando puso suficiente tela.

Se levantó, enderezó su espalda para continuar su camino, no sentía cansancio, al contrario se sentía liviana, miró hacia el frente, el camino que le faltaba por recorrer era todavía largo.

La noche volvió a cubrir todo con su manto oscuro, Selene había encontrado una pequeña gruta detrás de una cascada se refugia en ella, encontró una cama hecha con musgo seco, se acomodó, allí estará segura, no tenía sueño, empezó a pensar, se dice para sí misma:

— El padre de mis cachorros es un Alfa de ojos azules zafiro, el que me rechazo tiene los ojos café, Dorian no es el mismo que me reclamó como su mate, recuerdo su fragancia era de sándalo y tormenta, Dorian tiene una fragancia a ceniza y cítricos, lo único que no me dijo su nombre y yo tampoco se lo pregunté.—

Se hacía mil preguntas, cuando empezó a dormirse, sus fosas nasales se llenaron con la fragancia de sándalo y tormenta, lo escucho hablar entre las sombra de la noche:

— No temas pequeña loba silenciosa, soy Silas tu mate, aquí estoy contigo, descansa para recuperar fuerzas para mañana, te espera un largo camino.—

Miró hacia afuera, pendiente de los ruidos, no lograba conciliar el sueño, sentía a los lobos rebeldes moverse fuera de su refugio,el viento rugía con fuerza, el ruido de ramas al partirse, la mantienen en alerta.

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