Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl Omega Kaelen al llegar a su casa, él encuentra a su esposa preocupada, le cuestiona:
—¿Nuestros hijos regresaron?
— No, nuestros hijos siguen aún en la manada Luna Plateada, el Omega de allá los invito a pasar un tiempo, los va a entrenar, aquí el Alfa Dorian no les permite recibir entrenamiento, ¿qué pasó con nuestra pequeña?
El baja la mirada, le dice con tristeza:
—El Alfa Dorian la rechaza delante de toda la manada, nos envió a dejarla fuera de sus linderos, le tuvimos que hacer creer que la matamos, de manera que le de tiempo de huir bien lejos.
—¿La sangre que tiene en tus manos de que es?—
—Le dimos muerte a un lobo solitario, nadie lo va a reclamar, era él o mi pequeña princesa.
—Madre Luna protege a Selene, su loba aún no ha despertado, no la desampares Gran Madre nuestra.
Volviendo a la fiesta, el Alfa Dorian siguia celebrando por su triunfo, Morgana lo mira mientras se acerca con movimientos felinos, el sonrió al ver cómo intenta llamar su atención, la jalo de la cintura siendo posesivo, la besa con pasión, ella protesta:
—Vamos a bailar.
La complace y van a bailar, es ese mismo momento la música es suave, la abraza y mientras bailaba la besa sin soltar su agarre.
Selene lleva varias horas corriendo, al sentir el cansancio se deja caer al lado de una fuente cristalina, que ha alcanzado a ver, sus manos tiemblan, toma agua y la lleva a sus labios agrietados por la sed. Cuándo calma la sed, se echa del agua en su rostro para refrescarse, sentía mucho calor, se acarició el vientre aún plano, les habla con ternura:
—Mis pequeños regalos, estamos a salvo, hasta el momento.
—Madre, aquí estamos contigo.
La voz del mayor de los quintillizos se deja escuchar dentro de la mente de Selene, no supo porque sintió una calma y a su olfato llega la fragancia inconfundible del Alfa de ojos azules, sándalo con tormenta,
se queda a descansar un rato.
Al rato retoma el camino, cada rama que se rompía por la fuerza del viento lo sentía como una amenaza de peligro latente detrás de ella. Avanza sin dejar que el temor entre en su torrente sanguíneo.
Observa que está en medio de la nada, mira para todos lados, piensa que en la manada Luna de Sangre, al menos estaba protegida por sus padres, los extraño y piensa en sus cuatro hermanos, sacude ligeramente sus pensamientos, no podía dejar que el cansancio la vensa, tenía que seguir por sus pequeños.
Durante varias horas ella corre, empieza a sentir el agotamiento de varias horas sin descansar, cuando divisa entre las sombras de los árboles, dos siluetas se dejan ver, tenían forma de lobos, sintió helarse la sangre en sus venas.
Entre los arbustos, alcanza a ver unos ojos amarillos que la miran como depredador, ellos acechan antes de atacar. Cuándo están a su vista, frente a ella dos lobos de gran tamaño, le impiden la huida, el más grande salta sobre ella, Selene retrocede en esa milésima de segundo, sus pies se enredan con una raíz del árbol que está fuera de la tierra, ella cae boca arriba, por instinto cubre su vientre con sus brazos, al tiempo que deja salir un pequeño grito:
—No a mis cachorros no, por favor no nos hagas daño.— Su voz suena como una súplica.
Selene en medio de su angustia pide ayuda:
—Madre Luna, no me dejes perecer en este valle de lamentos, acude a mi pronto.
El cielo que ha estado cubierto por una capa densa, de pronto un rayo plateado rasgó el velo que lo cubría hasta ese momento, una tenue luz rodea a Selene, el lobo que va directo a su cuello, queda suspendido en el aire, con la misma una fuerza superior lo lanza lejos de Selene, hace que impacte contra un árbol.
Frente a Selene una mujer se materializa, no era humana, su cuerpo era pura energía lunar, le habla su voz era como una melodía suave:
—Hija mía, no estás sola estoy contigo hasta el final del camino, tu no eres una híbrida defectuosa, tu loba aún no despierta, está de duelo por la ausencia de su Alfa, pero pronto se dejará sentir, mientras tanto ten paciencia.
Las Sombras de ahora en adelante te obedecerán, no le temas a la oscuridad te daré visión para que puedas ver.
Selene es envuelta en un manto de luz plateada, se va haciendo más fuerte y los lobos se cubren los ojos incapaces de mantener la vista en la luz. Madre Luna en ese momento le deja su marca exclusiva, una luna llena con cinco estrellas a su alrededor, la cual solo se la da a la Luna Reina.
Así como llegó se fue, Selene abre sus ojos con lentitud, mientras se adaptan a la luz, es cuando se da cuenta que sigue en el valle, enfocó la mirada hacia unos árboles de roble, la mirada se le agudiza dejando que vea todo a su entorno.
Se pone de pie, el cansancio había dejado su cuerpo, se siente liviana como una pluma, no había dado tres paso, cuando ve a los dos lobos arrodillados frente a ella, en su cuello del lado derecho la marca de la luna llena, a sus entornos cinco estrellas, brillan dejando salir luces plateadas, él qué había atacado le dice:
—Perdón mi Luna, no volverá a pasar, daremos la voz para que ningún lobo rebelde la vaya a atacar. De ahora en adelante velamos por su seguridad.
—Se pueden retirar,— su voz suena con autoridad, —no se vuelvan a cruzar por mi camino, no habrá otra oportunidad.
Ellos desaparecen de su vista, Selene se deja caer suavemente al lado del pozo, toma agua entre sus manos y la lleva a su boca, se refresca la cara, respira mientras acaricia su vientre, les habla con una voz suave y melodiosa:
—Mis soles estamos a salvo, por ahora, debemos seguir.
Sus zapatos están despegados ya no le eran útiles, de la falda larga de su vestido saca tiras y con ellas envuelve sus pies, piensa que así las piedras no le sigan lastimando los pies, cuando puso suficiente tela.
Se levanta, endereza su espalda para continuar su camino, no siente cansancio, al contrario se sentía liviana, mira hacia el frente, el camino que le falta por recorrer es todavía largo.
La noche vuelve a cubrir todo con su manto oscuro, Selene encuentra una pequeña gruta, detrás de una cascada y se refugia en ella, ve una cama hecha con musgo seco, se acomoda, allí está segura, no tenía sueño, empieza a pensar, se dice para sí misma:
—El padre de mis cachorros es un Alfa de ojos azules, él que me rechazo tiene los ojos café, Dorian no es el mismo que me reclamó como su mate. Recuerdo su fragancia es de sándalo y tormenta, Dorian tiene una fragancia a sándalo con jazmín, lo único que no me dijo su nombre y yo tampoco se lo pregunté.
Se hace mil preguntas, cuando empieza a dormirse, sus fosas nasales se llenan con la fragancia de sándalo y tormenta, lo escucha hablar entre las sombra de la noche:
—No temas pequeña loba silenciosa, soy Silas tu mate, aquí estoy contigo, descansa para recuperar fuerzas para mañana, te espera un largo camino.
Mira hacia afuera, pendiente de los ruidos, no logra conciliar el sueño, sentía a los lobos rebeldes moverse afuera de su refugio, el viento rugía con fuerza, el ruido de ramas al partirse, la mantienen en alerta.
El cansancio le empieza a envolver, se queda dormida pronuncia el nombre de su Alfa varias veces, antes de caer en un sueño profundo, habla para ella misma:
—Silas no me dejes sola. No se porque dejas la manada Luna de Sangre.
No hubo respuesta, ella desde su lugar vigila, la silueta del hombre alto se queda entre los arbustos, no tenía prisa por irse del lugar.







