Mundo ficciónIniciar sesiónEntre los arbustos le pareció ver la figura alta de su Alfa, el sueño la venció, al despertar ya el Alba asomaba entre los grandes árboles, mira buscando a Silas entre los arbustos, su fragancia aún flotando en su entorno, antes de salir ve una taza tapada, con una nota, la toma entre sus manos, la abre y lee:
— Mi Reina desayuné antes de seguir el camino, debe de recuperar energía, no vaya a protestar mis cinco regalos.—
Selene sonrió mientras abre la taza, el olor era rico, sintió a los quintillizos moverse al mismo tiempo, cuando devoró el primer bocado, los siente quedarse quietos, siguió comiendo hasta terminar con todo lo que había dentro de la taza.
Antes de salir de la gruta, colgada del lado de afuera había un recipiente con agua fresca, destapó y tomó varios tragos, la volvió a volvió a tapar, retomó su rumbo de nuevo, camino por una hora, se detuvo observando hacia el cielo que en ese momento tenía un hermoso color azul.
En la manada Luna de Sangre, Dorian aún dormía, Morgana estaba a su lado con su cabello regado en desorden sobre la almohada donde reposa su cabeza, afuera había movimiento, la manada había empezado a limpiar el desorden que habían dejado.
En la casa del Omega Kaelen el estaba despierto, su esposa prepara el desayuno, el toma una taza de café, ella de pronto me dice con voz baja:
— El Alfa no se daría cuenta, que no regresaste a la fiesta, que te quedaste aquí en la casa. —
— No creo, no he tenido acercamiento con él, con el gemelo de ojos azules era diferente, él no trataba a ninguno con desprecio, con Dorian todo es diferente por no decir complicado. —
— Mi amor te entiendo, desde que Dorian es el nuevo Alfa el ambiente es pesado y parece asfixiar a cada uno, aparte no sé la suerte de mi pequeña.—
El Omega soltó un suspiro lleno de nostalgia:
—¿Habrá logrado ponerse a salvo? allá no hay dueño, sobrevive el más valiente, nuestra pequeña estaba débil, la note algo extraña no era la misma, esa ida con el Alfa Dorian la cambio demasiado.—
— Espero que si, nuestra Madre Luna le habrá protegido, sabe que me preocupa, el color de sus ojos no son de aquí, si al menos supiera quienes son sus padres, los iría a buscar, ellos la pueden rescatar de ese lugar.—
El Omega le da a conocer:
— Un motivo del viaje de nuestros hijos, a la manada Luna Plateada, es investigar si alguno de ellos perdió a su hija hace dieciocho años, no piensan regresar hasta que tengan una información concreta.—
Lejos en el valle Selene había avanzado por horas, todo allí era silencio pesado, de en vez en cuando encontraba con lobos rebeldes, algunos rezagados, en ningún momentos atacaron, ella a su paso dejaba rayos plateados, él peso de su esencia era tan profundo que los hacía inclinarse a su paso.
Selene caminó por horas lo que no parecía tener fin, ese día se le hizo más largo que cualquier otro día en la manada Luna de Sangre, lo único bueno es que su cuerpo no protesta por cansancio.
La protección de la Madre Luna actuaba como un bálsamo en todo su ser, la reconfortaba, no sentía hambre ni sed, observó lo hostil que es el bosque a cada paso parecía haber alguien listo para atacar.
Después de su encuentro con la Madre Luna, todo era diferente, el viento era suave y no sentía tanto el calor, sus pasó se volvió más ligero, el aroma de pino fresco se hacía más fuerte la guió llevó a la falda de una montaña, allí detrás de varios pinos había una pequeña cueva, ella entró mirando todo a su alrededor, había un montón de musgo seco, se improvisó un lecho, suspiró notando que el frío dea madrugada no le llega y podía dormir protegidas de los lobos rezagados, aunque no la habían vuelto atacar.
El aire se volvió agradable, era cálido y parecía arrullar, se sintió protegida por alguien superior a ella, por primera vez no sintió el peso de la manada Luna de Sangre, donde la habían humillado y despreciado por ser defectuosa, todas se habían transformado a lo dieciocho años, ella no había podido completar esta parte importante para un cambia forma.
El rechazo de Dorian no la había afectado, la marca de su Alfa estaba allí en la base de su cuello, limpia y sin ningún cambio, no había experimentado ningún dolor físico, al contrario lo que sintió fue paz.
— Estamos a salvo.— Ella murmuró acariciando su vientre con una ternura que ilumina todas las fracciones. —Nadie va a tocarlos, lo prometo por mi sangre.—
Sus párpados eran pesados, cuando empezó a dormirse, escuchó quebrarse una ramas afuera de su escondite, un escalofrío recorrió toda su columna vertebral, su instinto de supervivencia la puso en alerta, le pareció que alguiena observa desde afuera.
Se acercó a la salida, desde allí miró hacia los pinos que cubren la entrada, sintió a sus bebés moverse inquietos dentro de ella, de pronto a cincuenta metros de su refugio lo vio allí entre las sombras de la noche, el resplandor plateado de la luna había una sombra, era de un hombre, su porte no era de un lobo renegado, no el de un guerrero.
Era alto, de hombros anchos, su esencia absorbía la luz a su alrededor, no se movía. Solo permaneció allí inmóvil bajo uno de los pinos, observando hacia donde ella se refugia del frío.
Con nerviosismo logró decir:
—¿Quién está ahí?— preguntó ella con voz firme a pesar de los nervios que sentía por la presencia de ese hombre.
No le dio respuesta, el viento fuerte movió las ramas que cubrían su rostro, no lo pudo ver con claridad, pero juraría haber visto los ojos azules profundos de su Alfa que le recordaba el color del cielo al amanecer.
Regreso a la cama que había improvisado y se acostó, pensando si había sido todo por su nerviosismo, ella murmuró:
—Silas,— su corazón golpeando contra sus costillas, de pronto todo quedó en silencio, una fragancia diferente invadió su espacio, era a sándalo y tormenta limpia, con esta sensación se quedó dormida, el cansancio acumulado de días en ese lugar y ya su cuerpo estaba agotado.
Sintió alivio al verse lejos de Dorian y toda su manada, extraño al Omega Kaelen y su familia, al Beta Fenris y su familia, eran sus únicos amigos..
Su sueño fue tranquilo, fuera el viento es fuerte, las ramas crujían al partirse por la fuerza del viento, un frío intenso fluía y los lobos renegados se movilizan cerca, en busca de alguna presa para devorar y dar de comer a sus cachorros.
Al día siguiente Selene despertó, se sentía renovada, salió de su escondite estaba en la salida, miró todo antes de salir, caminó por varias horas, era mediodía, no había ningún árbol de frutas a la vista, sintió hambre y sus pequeños moverse inquietos, lo único que pudo hacer fue darles palabras de aliento:
—Tranquilos bebés, estoy buscando algo que nos sirva para comer.—







