Valeria.
Me quedé paralizada al ver a Jocelyn en este lugar. Su rostro, cubierto de moretones, me llenó de una mezcla de sorpresa y temor. Justo en ese instante, apareció el hombre con quien pretendía asociarme, pero algo en su actitud me puso en alerta. Estaba visiblemente alterado y, para mi horror, jaló brutalmente el cabello de Jocelyn. Cuando me vio de pie, su cuerpo se tensó y se detuvo en seco.
—Buenas tardes—mencionó intentando sonar calmado—¿Qué hace usted aquí?
Jocelyn, avergonzada, s