Capitulo 8

Derien:

"¡Tan tuya como Mía, Pulgoso! "

Salgo a grandes zancadas del despacho con el pecho enardecido y a punto de perder el control en contra de mi lobo, y eso sería desastroso.

Las palabras del malnacido que pretende meterle mano a mi hembra me retumban en la cabeza.

Al salir la veo a ella, con su carita pecosa atestada de preocupación y enseguida la tengo a mi lado con los ojos nublados por las lágrimas.

La preocupación que se esmera por reprimir sale a raudales por todo su cuerpo, el
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