Una modesta casa de estilo minimalista, ubicada en las afueras de la ciudad y muy lejos de cualquier lujo, se había convertido en el nuevo refugio de la familia Ivander.
La sala era pequeña, el ambiente sofocante, y ya no había una fila de sirvientes dispuestos a satisfacer todos sus caprichos.
En medio de la estancia, donde solo había algunas cajas de mudanza aún sin desempacar, Olivia y Felicya permanecían sentadas en un viejo sofá con el rostro sombrío.
—¡Todavía no puedo creerlo! ¿Cómo hemo