En ese mismo instante, Alexa sintió como si el aire a su alrededor hubiera desaparecido.
Las palabras de Devan acababan de abrir, como una llave, un viejo cofre de recuerdos que había permanecido sellado durante años en el rincón más profundo de su memoria.
La imagen borrosa de una lluvia fina, la tierra húmeda del cementerio y un adolescente vestido de negro, arrodillado frente a una tumba con los hombros temblando de dolor, apareció de repente en su mente.
Ella, con apenas seis años, se había