Alexa permanecía inmóvil entre los fuertes brazos de Devan.
No dijo una sola palabra, pero asintió lentamente con la cabeza.
—Lo sé todo sobre ti, Alexa —susurró Devan con la voz ronca, muy cerca del oído de su esposa.
Sus brazos la abrazaron con más fuerza, como si temiera que ella fuera a escapar en cuanto aflojara un poco el abrazo.
—Sé lo difícil que fue tu vida en la casa de los Ivander después de la muerte de tu madre.
El cuerpo de Alexa, que hasta hacía un momento permanecía rígido y sin