Devan bajó las escaleras con una expresión tan fría como el hielo, dejando a Alexa aún dormida en la habitación.
No quería que la mañana de su esposa se viera arruinada por el drama barato que aquella mujer había traído consigo.
En cuanto sus pies tocaron la planta baja, sus ojos se posaron de inmediato sobre Martha, que lucía completamente descompuesta. Sin embargo, no había el menor rastro de compasión en el rostro de Devan.
Para él, cada lágrima que aquella mujer derramaba ese día no era más