Apenas aterrizó el avión, recibí una llamada de una compañera.
—Hola, Natalia, por fin contestas. Hay una persona que dice ser tu novio. Lleva toda la mañana sentado en el área de visitas y no se quiere ir, por más que le insistimos.
Cuando llegué a la empresa, Gustavo seguía sentado en el área de visitas.
Solo habían pasado unos días desde la última vez que lo vi, pero se veía mucho más demacrado.
Tenía la camisa arrugada, una sombra de barba en la mandíbula y unas ojeras evidentes bajo los ojo