Al escuchar las palabras del vecino, Gustavo se quedó paralizado.¿Se había mudado?Pero ¿por qué nunca le había dicho nada sobre la mudanza?De pronto, el pánico empezó a crecerle en el pecho.Sacó el celular y, con los dedos algo temblorosos, le envió un mensaje a Natalia:"Natalia, ¿te mudaste?"El mensaje no apareció como entregado. Solo quedó ahí, sin respuesta.Luego buscó su número en los contactos y llamó. Solo entonces descubrió que ella también había bloqueado su número.Se abrió la puerta del elevador. Isabella caminó hasta ponerse a su lado y dijo con suavidad:—Gustavo, ¿Natalia todavía está enojada? ¿Por qué no subes primero a mi casa y te sientas un rato?Ella se mostraba comprensiva, como siempre. En el pasado, cada vez que pasaba algo así, Gustavo siempre sentía que Natalia era inmadura, mientras que Isabella era la considerada.Pero hoy, aquella voz solo le pareció molesta.—No voy a subir.Frunció el ceño. Su voz sonaba un poco ronca.—Natalia se mudó. Nadie me dijo
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