~Abrázame y no me sueltes jamás~
Alexander montó el caballo y regresó por el mismo lugar por donde lo vio salir. Casi veinte minutos después, por el centro de un camino que habían cabalgado juntos, la vio tirada en el piso. En ese momento sintió que su corazón se detuvo al imaginarse lo peor. Para su sorpresa, Neyra volteo a verlo y se puso de pie, lo que le devolvió el alma al cuerpo; no pasó desapercibido que no apoyaba peso en uno de sus pies.
–Por amor de Dios Neyra, ¿intentas matarme de un