~Quizás el problema no esté en la tormenta, sino en tu lucha contra ella~
–Tengo algo muy importante que decirte, pero no sé ni cómo comenzar.
–Qué tal si empiezas por el principio. Sugirió abrazándola.
–No puedo. Tengo que hacerte una confesión, pero tengo miedo de que me vayas a juzgar y que tus sentimientos hacia mí cambien.
Alexander vio el trabajo que le estaba dando hablar y se imaginó que era algo importante.
–¿Me puedes prometer que no te vas a enojar, ni me vas a juzgar, y, sobre todo,