Me aparto de Daisy y atraigo a la mujer que está frente a mí para abrazarla. "Samanta", le digo, besándola en la mejilla. Como estoy casi a mi altura, no es necesario agacharse.
‘‘Hola Collin, y esta hermosa mujer debe ser Daisy ‘‘dice, dando un paso a mi alrededor antes de envolver a Daisy en un abrazo propio.
‘‘Hola ‘‘chilló Daisy, intentando captar mi mirada y observando a la mujer del tamaño de una amazona que tenía frente a ella.
Samanta es una auténtica pasada. Mide un metro ochenta y su