Toco la puerta y espero. No hay respuesta.
Salgo y vuelvo a la sala para preparar el desayuno.
Una hora después, oigo el clic de la puerta y entra Collin.
Arroja su bolso sobre la unidad. “Buenos días”, dice.
‘‘Buenos días ‘‘respondo, sin saber muy bien cómo plantear el tema. No es como si tuviéramos una relación.
Se detiene y me mira. “¿Está todo bien?”, pregunta.
Muerdo mi labio, atrayendo sus ojos hacia mi boca.
‘‘¿Daisy? ‘‘dice de nuevo, acercándose.
‘‘Ya es hora ‘‘digo, y veo que frunce el