—¿No estás bromeando, verdad? —le dijo sorprendido porque a él le había parecido muchísimo menos tiempo, le parecía que habían pasado como cinco minutos nada más.
—Por supuesto que no —le dijo Adam ayudándolo a sentarse.
Cuando el jefe y el chamán lo vieron sentado se acercaron a él.
—Lobo caminante —le dijo el jefe mirándolo a los ojos— Nosotros nos marchamos y te damos la mano en señal de hermandad.
Clyde aceptó el saludo tribal al sujetar el antebrazo del jefe mientras este apretaba el suyo,