Adam y las muchachas corrían lo más rápido que daban sus piernas, al poco rato Susan sentía que se le iba a romper una costilla por el flato que sentía en el costado derecho.
Habían salido corriendo hacia la avenida casi sin pensar en más nada que en huir de los malhechores, pero Megan iba muy inquieta, a pesar del cansancio no dejaba de pensar en la voz que había escuchado.
«Es imposible que sea otra persona —pensó mientras corría toda marcha— Es la misma voz del sujeto que me llevó al hospita