— De acuerdo, Silvia, nos vemos en la Oficina de Asuntos Civiles tres días después.
Bajé del coche con Carlos y Daniel intentó seguirnos con los ojos enrojecidos, pero Fermín se lo impidió.
Forcejeó y lloró, suplicándome que le llevara conmigo.
—Mamá, sé que hice mal, ¿podrías no abandonarme?
—No jugaré más a los videojuegos, no quiero esos juguetes, mamá, no te vayas.
La puerta del coche se cerró con fuerza y a través de la ventanilla vi que Fermín lo sujetaba.
Carlos me apretó la mano con suav