Fermín, que siempre estaba tranquilo, empezó a ponerse nervioso, intentó cogerme la mano, pero yo lo evité y sólo agarró el aire.
Tal vez nunca imaginó que un día rechazaría su tacto, Fermín se sobresaltó.
Su voz temblaba ligeramente mientras hacía lo posible por reprimir su enfado.
—Silvia, ¿de verdad lo has pensado bien?
—Si nos divorciamos y Daniel vive conmigo, ¡no podrás volver a verle!
Tenía las cejas fruncidas y el rostro inexpresivo.
—Bien, en fin, no querrá verme después de que Linda se