Carlos me enseñó orgulloso el reloj del teléfono que llevaba en la muñeca.
—Mamá, acabo de enviar a Luna nuestra localización, por eso Samuel llegó tan rápido.
Samuel se sonrojó y alargó la mano para acariciar la cabeza de Carlos, guiñándole un ojo a mis espaldas.
Yo no contuve la risa.
Resultó que sentía muy bien que me querían.
Como temía que me mojara, se quitó la chaqueta y me la puso por encima de la cabeza, usando la otra mano para cubrirme y acompañarme al coche.
Me senté en el asiento tr