Fermín no se movió ni un paso, y tan tranquilo como le recordaba, se puso furioso de repente.
Agarró con rabia a Samuel por el cuello de la camisa y le dio un puñetazo.
—¡Lárgate! ¡Es asunto de mi familia, quién eres tú para echarme!
No pude aguantar más al ver que se volvía loco.
Le di una bofetada y el aire se silenció.
Fermín se tapó la cara y me miró estupefacto.
Me adelanté y cogí la mano de Samuel.
Sonreí a Fermín.
—Olvidé presentártelo, es mi novio, Samuel Santos.
—Así que está en posició