Para no perder la costumbre de molestarla, me moví velozmente y llegué a su mano. Elin frunció el ceño y negó con el dedo.
—Adulador, con solo dos pasos llegabas a mí, esta pequeña habitación no te da para exageraciones. —Su lengua es viperina.
Me inclino, rozo mi nariz con la suya y cerró los ojos. Esta chica es mi perdición, no puedo dejar que se extinga, no lo haré.
—Eres tan hermosa.
Nunca había sentido tanto por alguien, ni cuando vivía, y por eso no me rendiré con Elin.
—No lo creo, parez