Al pisar el pub soy recibido con las miradas curiosas y con cada paso se acercan a saludarme. Las chicas se arriman y escojo a dos para la fachada. La que mueve mi roca por corazón no está presente. Solo uso la atracción para moverme como pez en el agua. Una se guinda de mi hombro y la otra agarra mi cintura. Las ganas de apartarlas son enormes, pero debo seguir el espectáculo. Todo sea por encajar con la vida de los vampiros, debes ser un Don Juan y lo de arrogante me sale natural. Pueden preg