—¡Oh, sí! Sigue… —me separé de ella para admirar su sensualidad y me encendí con tan solo ver su calentura—. ¡Joder, muérdeme, Berwin! —Rogó mi chica y la mordí en su cuello.
Sé, tensó y saqué el vibrador. Lo suelto en la cama y me marché hacia el baño.
—¡Berwin Dee, vuelve o te golpearé el trasero sexy! —odio irme, me cuesta no poseerla—. Lo pondré rojizo.
La ignoré, abrí la ducha y puse el agua fría. Mi polla me dolía y me recosté en los azulejos permitiendo que el agua fluyera por mi cuer