La carta seguía sobre la mesa, como una amenaza silenciosa.
“Julieta, si puedes leer esto… ya no estás sola. —M.E.S.”
Sofía la había doblado cuatro veces, y aun así sentía que la tinta atravesaba el papel. No podía concentrarse en nada. No en el informe que tenía que entregar. No en el eco de los besos que Alejandro le había dado. No en la forma en que él se había alejado después de leer esas iniciales.
M.E.S.
Ese sobre… esa caligrafía… esa sensación.
Estaba empezando a comprender que su mundo