El lunes amaneció con un cielo encapotado, como si incluso el clima presintiera que algo se avecinaba. Sofía llegó temprano, como siempre. Pero esa mañana no encendió su computadora ni abrió su agenda. Se quedó sentada frente a su escritorio, con la vista clavada en un punto invisible. La fotografía en sus manos no era nueva, pero hoy pesaba como nunca.
La niña en el retrato —de cabello ondulado y ojos heterocromáticos— le devolvía la mirada desde el pasado. Era ella. No cabía duda. Pero esa fo