Rachel pensó lo mismo que Ada, pero luego decidió no hacerle mucho cerebro. Salió de la oficina y se dirigió a las oficinas de recursos humanos, allí fue bien recibida, en especial por Laura, una de las secretarias con quien parecía congeniar mucho aunque esta era un poco mayor que ella porque ya rondaba los veintiocho o veintinueve años.
—Señorita Andreson, ¡qué gusto! —le dijo saliendo a recibirla— ¿Va a hablar con el señor Robertson?
—Así es Laura —le dijo y luego pensó en algo más— Laura, t