Cuando todos abandonaron la estancia, Patrick, quien se había quedado parado como una estatua de cera, se sentó cayendo, como si sus piernas no pudieran sostenerle. Rachel lo tomó de las manos mientras las lágrimas salían de sus ojos bañando su angustiado rostro.
Sus ojos fueron hacia los de su padre que le sonreía levemente, y asentía como para hacerle saber que todo estaba bien. El viejo Randall Hamilton esperó a que él se calmara y luego salió detrás del escritorio y se acercó para abrazarlo