Cuando Roberto regresó del hospital, no había una sola luz encendida en la casa. Antes, por tarde que llegara, siempre encontraba una lámpara encendida en la sala y a Miranda esperándolo en el sofá. A veces lo esperaba para exigirle explicaciones por pasar tanto tiempo con Carolina; otras, para tirar a la basura la cena que se había enfriado y obligarlo a sentarse a comer con ella.
Esta vez nadie lo esperaba. La mesa estaba vacía. Miranda tampoco estaba en la habitación.
Encendió la luz y ensegu