Capítulo 10
Después de que mis padres y Carolina se fueron, pude descansar tranquila unos días. Roberto seguía alojado cerca. Ya no entraba por la fuerza a mi habitación ni intentaba obligarme a trasladarme a otro centro.

Cada mañana, la enfermera traía un ramo de campánulas blancas. No eran las rosas blancas que tanto me habían gustado y que después me negué a volver a tocar.

Las rosas blancas siempre se reservaban para Carolina. En los cumpleaños y en las bodas, todos daban por hecho que eran sus flores f
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