A la tarde siguiente llegaron todos al centro. Carolina entró en la habitación apoyada en Álvaro. Llevaba un vestido blanco holgado, tenía el rostro pálido y mantenía una mano sobre el vientre. Mis padres caminaban pegados a ella, como si temieran que cualquier cosa la alterara.
Roberto estaba junto a la ventana. No se acercó a ayudarla como antes. Ni siquiera la miró.
—Roberto —lo llamó ella con los ojos enrojecidos.
La expresión de Álvaro se ensombreció. Él era su esposo, pero, durante todos e