Fernando Cortez
Mi día había comenzado muy bien, la tarde también sería sin problemas ni estrés que resolver, solo tenía muchas ganas de que llegara esta noche, porque conocería a Hernandes y mataría las ganas de besarla y sentirla. Estaba sentado en mi sala de estar tomando café y recordando la manera provocativa de Helena de hace un momento, mordiéndose esos malditos labios.
Salgo de mi trance cuando escucho un golpe en la puerta, y por la voz era el teniente Klaus. Tomo un profundo suspiro,