Harold se paró frente a mí, separando por completo la mirada ardiente de Félix. Pero este último parecía completamente fuera de sí, incapaz de aceptar la realidad.
—Sylvie, no hagas esto. ¿Cómo vas a botar todo después de diez años juntos? ¿Acaso todas las promesas que nos hicimos fueron mentira?
Ya no quería seguir discutiendo, así que saqué el certificado de matrimonio de mi bolso y se lo tiré, directo a la cara.
—Félix, no te estoy mintiendo. Ya me casé.
La mirada de Félix cambió de sorpresa