—Señor Muñoz, ¿ella es una de sus empleados? —Diego señaló a Luna con una sonrisa y preguntó—. ¿En qué departamento trabaja? Acabo de chocar con ella y ensuciar su desayuno. Quería compensarla enviándole otro, para llevarle más tarde.
Luna se quedó un momento perpleja; realmente sabía hablar, sin revelar delante de Leandro el comportamiento escandaloso de Celia, al mismo tiempo que indagaba sobre la pregunta que ella no había respondido.
—Un desayuno, no es necesario que te preocupes, señor Fern