Luna miró a la franca Catalina, y sus pensamientos se remontaron más de tres años atrás. Nunca podría olvidar aquel día, como una pesadilla que la perseguía.
Buscando a Sía sin éxito, si se quedaba en Cantolira, solo encontraría tristeza. Así que ella y Leo se dirigieron a Puerto del Sur.
—¡No, señorita! ¡Alguien manipuló los frenos, están fallando! —Leo gritó.
Iban conduciendo por la carretera costera, al lado, un acantilado empinado caía hacia un mar agitado y azul, que se extendía hasta donde