Leandro fue arrastrado por Diego hasta el jardín. No había nadie a la vista. Esa noche sin viento, el ambiente era insoportablemente caliente. Los molestos insectos chillaban en el pasto, haciendo que la gente se sintiera irritada.
—Hoy hay algo importante; no tengo tiempo para jugar contigo —Leandro se zafó de Diego y quiso regresar a la sala. No quería perder la oportunidad ni generar imprevistos.
—Leandro, ¿tan desesperado por las acciones de la familia Fernández? ¡Mis acciones te las doy! No