Dado que tantas personas estaban compitiendo por Luna, el señor Pérez, naturalmente, no se sintió menos valiente; no estaba convencido de que no pudiera conseguirla.
Luna sintió otra vez una oleada de náuseas. Estos viejos hombres, en cada palabra y acción, la acosaban. Al final, tenía poca experiencia y escaso conocimiento. Antes, en su hogar, su estatus era incontestable; nadie se atrevía a desafiarla, y mucho menos a acosarla. Hoy en día, huyendo de su hogar y con poca experiencia en el mundo