Luna abrió los ojos desmesuradamente. El brebaje se le vertió directamente en la garganta, y no pudo vomitar; él la tenía completamente bloqueada. Él seguía vertiéndolo, y ella se vio obligada a tragarlo todo. Era demasiado amargo y le dolía muchísimo.
Al terminar de administrarle el medicamento, su sufrimiento no terminó. Su lengua revoloteó en su boca, profundizando el beso, y cuando el amargor comenzó a disiparse, Luna se sintió casi ahogada.
Él la sujetó con fuerza por la nuca, y el beso se