Carolina se encontraba completamente furiosa y desorientada, arrodillada en el suelo, olvidando incluso por completo, cómo ponerse de pie.
Sin comparación, no hay herida.
—Clara, ¿hay algo que quieras? — Alejandro se acercó a Clara, su mirada profunda y su voz ronca.
—Sí. ¿Puedo hablar contigo por un momento? — Clara tenía unos hermosos ojos de ensueño, y aunque su voz era suave, todos a su alrededor podían escucharla claramente.
Alejandro aceptó sin dudarlo.
Ante la mirada de todos, los dos se