Jimena estaba completamente aturdida, su rostro pálido se volvía gradualmente oscuro, como si hubiera sido golpeado por rayos, y estos la habían dejado aturdida.
—Hermano, ¿qué estás diciendo? ¿Acaso no me reconoces como tu hermana?
Rodrigo actuó como si no hubiera escuchado, y solo se preocupaba por Noa en sus brazos, acariciando su espalda temblorosa con sus grandes manos.
—No tengas miedo, Rodrigo ha regresado, nadie se atreverá a lastimarte de nuevo.
Pero esta vez, Noa no era tan sumisa como