Dentro del estudio.
Fernando se sentó en el sofá, sirvió una taza de café para su nieto que se encontraba sentado, y se la llevó personalmente.
—Gracias.
Alejandro tomó con ambas manos, su postura era bastante erguida y digna, ni rastro de apariencia débil y enfermiza a la vista.
Sostenía la taza con la mano derecha y sujetaba el fondo de la taza con la mano izquierda, tomando el café con elegancia, mostrando modales de un noble caballero.
—Alejo, ¿todavía te duele la herida del cuerpo? —Pregunt