Alejandro levantó lentamente sus profundos y oscuros ojos, con un aura oscura parpadeando: —He dado lo suficiente para contenerme dentro de mi máximo límite. Pero, sólo esta vez. La próxima vez, no me volveré a contener.
El corazón de Fernando se inundó de amargura, mencionó el pasado que estaba vivo en su mente, y las vicisitudes de su rostro se cubrieron con una penumbra de tristeza.
—Abuelo, lo siento, hablo demasiado, no debí mencionarte esto. Alejandro se llenó de vergüenza, usando sus cáli