Sin embargo, Alejandro no se detuvo y agarró con fuerza su delgado brazo, dejando marcas rojas en su piel blanca. Sus ojos se volvieron rojos, mostrando un fuerte deseo de posesión: —¿Ya lo hicieron? Irene... ¡respóndeme!
—Diego fue drogado en la cena —dijo Clara, mirándolo con odio.
—¿Qué estás diciendo? —Alejandro se sorprendió repentinamente.
—Finalmente controlé la droga en su cuerpo, pero no sé qué es esta cosa caótica, ¡tenemos que llevarle al hospital para hacerle un chequeo de inmedia