—¡Papá! —el sonido, suave y delicado como un trueno repentino, tomó a todos por sorpresa.
Fernando y Enrique abrieron la boca, atónitos.
Beatriz sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo, su rostro se puso pálido como la muerte. Ema y Leona también se pusieron pálidos de repente.
¿Quién hubiera pensado que la mujer abandonada de la familia Hernández, que provenía de una familia pobre y creía que todos podían pisotearla, se transformaría en la hija del multimillonario de Valencia, la heredera