Inés se sintió como si hubiera caído en una helada bodega, un frío huracán se levantó muy tembloroso en su pecho. Su rostro, que acababa de enrojecerse por la vergüenza, perdió gradualmente su color, volviéndose tan pálido que resultaba bastante doloroso.
Miró a la señora Belén con ojos que destilaban lágrimas y, incluso a través de su actuación, percibió el desprecio interno hacia ella.
En el pasado, probablemente habría dado la vuelta y se habría ido, escondiéndose en algún rincón solitario pa