César corrió hacia ellos, con los ojos enrojecidos y húmedos, como si acabara de llorar amargamente.
Como el secretario más leal de Alejandro, había presenciado todo el peso del odio que su jefe soportaba, superando grandes dificultades y peligros hasta llegar a este día. Cuando se anunció el veredicto, mientras estaba ocupado manejando las cosas afuera, hubo un leve momento en el que rompió a llorar, transmitiendo con su llanto la angustia guardada en su corazón.
—¿Has resuelto todo afuera? — A