Clara y los demás siguieron la mirada apasionada de Aarón.
Vieron la delgada figura de Inés parada bajo la tenue luz de la farola. La brisa nocturna dispersaba los largos cabellos de la muchacha, y en su rostro pálido aún colgaban lágrimas aun no secadas.
—Aarón.
Ella respondió con voz ronca a su llamado, y las lágrimas seguían cayendo sin cesar.
Ver la frágil figura de Inés era verdaderamente desgarrador, rompiendo el corazón de cualquiera.
Aarón, sin preocuparse por nada más, corrió hacia su a