Sin embargo, cuando Aarón vio que quienes venían a recogerlo no solo eran Clara y Alejandro, sino también Diego y Teófilo, las emociones que había logrado contener con dificultad ya no pudieron ser reprimidas, y las lágrimas giraron en sus ojos enrojecidos. Se sintió conmovido por la preocupación de tantas personas.
—Aarón.
Diego, con sus ojos profundos ligeramente curvados, disipó cualquier sombra con una sonrisa tranquila y serena. —Has trabajado duro. Venimos a llevarte a casa.
—Diego—Aarón s