Una cena que resultó sorprendentemente agradable.
Padre e hija compartieron una complicidad silenciosa, evitando mencionar cualquier cosa que pudiera causarles descontento.
—¿Cómo empezaron a comer sin mí? ¿Por qué no me llamaron?
Víctor regresó aburrido y hambriento, se sentó de golpe en la mesa y dijo: —Clara, ¡hiciste toda esta deliciosa comida y ni siquiera te dignaste a llamarme!
Julio y Clara miraron a Víctor y dijeron al unísono: —Te olvidamos.
Después de la cena, Julio se preparó para ir