Justo en ese momento, Julio rodeó su hombro, su gran palma caliente apretándolo suavemente. Aunque estaba en completo silencio, Luz podía escuchar claramente los latidos fuertes provenientes de su pecho. Sus ojos enrojecidos se llenaron de lágrimas, sabiendo que con él tenía un refugio seguro y un apoyo total para su alma.
—Señor Pérez, como el jefe de esta familia, ¿puedes controlar a estas mujeres de lengua afilada en tu casa? —Julio habló de repente con una voz muy fría, su mirada furiosa y p